Como antecedente, debo contares que soy diseñador. Y debo reconocer que el proceso de estudio era exigente, casi perverso, en la querida-odiada FADA de la PUCE. Dormir promedio 2 o 3 horas en las últimas semanas del semestre era algo por demás normal y reducir eso a la nada era casi una regla los últimos días. Así que, para minimizar el riesgo de quedarte dormido (y esperar la tragedia y la deshonra el día de la evaluación), aparte de tomar café con coca-cola y la música a todo volumen, se recurría también a trabajar en grupos, así el que se dormía corría el riego de amanecer sin cejas por una rasurada traviesa, o ser tatuado por un incontrolable marcador, o por último, morir del susto, pues al ser despertado, y constatar la hora, su descanso de minutos había durado un buen par de horas de trabajo, y que el amanecer y la entrega de proyecto se acercaba. Claro está que todos los relojes de la casa, incluido el del dormilón había pasado por maquiavélicas manos que adelantaron la hora.
Una de esas noches–madrugadas de intenso trabajo, y fortificante estrés, luego de pasar despiertos casi 38 horas, al borde mismo de la locura, 2 amigas y yo decidimos descansar y al ver todo el trabajo a medio hacer, soñamos que un milagro ocurriera: que apareciera un ejército de duendes, y que acabaran con el trabajo empezado, tal como le ocurría a un viejo zapatero en el cuento de los hermanos Grimm.
Al despertar después de un par de horas de descanso, lo que vimos fue increíble: Nada había pasado. Nada se había movido de lugar. Nada. Pero nada de nada. Así que no quedó mas remedio que desayunar, pasarse un trapo húmedo por la cara, y hacerse cargo del milagro.
Y el resultado generalmente era mejor del esperado. Y claro, milagro tras milagro se acabo la U. Milagro hecho por duendes más inquietos y traviesos que nada, que rasuraban, que tatuaban, que adelantaban relojes, que se echaban los tragos, y también que diseñaban. Y los trasgos, son eso, seres mitológicos que, muy traviesos y hasta villanos, hacen y deshacen. Milagros.
sábado, 12 de julio de 2008
sábado, 5 de julio de 2008
empezando...
Sábado por la tarde, la ciudad aun con chuchaki por el triunfo de la Liga, y yo con un millón de cosas por hacer, pero sin ganas de hacerlas. Una de esas cosas es empezar a postear en un blog creado hace unas 2 semanas que aún no he sabido como comenzar. Siento que no tengo listo el primer artículo, pero si espero a que sea perfecto nunca arrancaré.
Espero postear hoy en la noche porque, entre otras cosas, tengo que diseñar unos audífonos (con menos de 2 “dólar” en materiales), un par de taburetes para la tienda de un amigo (sin límite de presupuesto), y pensar y repensar en el nombre y logo que tendrá nuestro ultra-mega-super-poderoso-estudio de diseño, que estamos formando con otros dos diseñadores. Parece que entre los tres no hacemos uno, por la efectividad con que hemos trabajado este mes. Pero conociendo los resultados profesionales de cada uno estoy seguro que el resultado será espectacular. Poco a poco iré deshilando esta y más historias, que buscan abrirse un paso mas allá de mi mente y de mi gente cercana.
Aun no termino ni estas primeras ideas y me resulta súper enriquecedor y divertido, tomarse un tiempo, desacelerar la rutina y pensar ante una hoja en blanco: qué escribir, qué contar, qué inventar….
Espero postear hoy en la noche porque, entre otras cosas, tengo que diseñar unos audífonos (con menos de 2 “dólar” en materiales), un par de taburetes para la tienda de un amigo (sin límite de presupuesto), y pensar y repensar en el nombre y logo que tendrá nuestro ultra-mega-super-poderoso-estudio de diseño, que estamos formando con otros dos diseñadores. Parece que entre los tres no hacemos uno, por la efectividad con que hemos trabajado este mes. Pero conociendo los resultados profesionales de cada uno estoy seguro que el resultado será espectacular. Poco a poco iré deshilando esta y más historias, que buscan abrirse un paso mas allá de mi mente y de mi gente cercana.
Aun no termino ni estas primeras ideas y me resulta súper enriquecedor y divertido, tomarse un tiempo, desacelerar la rutina y pensar ante una hoja en blanco: qué escribir, qué contar, qué inventar….
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